Obstáculos para el logro de la paz son los distintos terrorismos: (todos, no sólo uno)

El de Estado y del Imperio, que en aras de su poder omnímodo, agrede a sociedades enteras; el ecológico, que defiende las hazañas tecnológicas más deslumbrantes, generando muerte en derredor; el terrorismo de masas, que a veces, surge de la miseria; el terrorismo de raíz religiosa, que apela a la imagen de un Dios violento, muy presente en la mayoría de las religiones y en los teísmos políticos para justificar acciones terroristas, agresiones bélicas e invasiones”.

“No hay paz social sin justicia económica y ecológica”

Hay un salmo que afirma “la justicia y la paz se besan”

La verdadera reconciliación sólo es posible si quienes ejercen la violencia renuncian a ella y quienes la sufren están dispuestos a perdonar. “Los atentados son una rémora para el desarrollo y una distracción para el pueblo pobre, que no reclama un reparto justo de las riquezas del petróleo”.

El jesuita español Ignacio Ellacuría, asesinado en El Salvador en 1989, decía que “Suele condenarse la violencia antisistema, no la del sistema”.

“La verdadera paz es obra de la justicia, no hay paz en un mundo injusto”