BARRANCABERMEJA, Colombia, 20 de junio (ACNUR) –
Pedro tenía únicamente 15 años cuando incendió un autobús por primera vez, ese fue su rito de iniciación para unirse a uno de los grupos armados irregulares que cohabitan en este gran centro ganadero y petrolero.
“Me subí al autobús y con educación solicité a todos que se bajaran”, dice Pedro. “Esta es una emboscada armada, les expliqué, y advertí a las atemorizadas colegialas que lloraban, que se fueran a casa. Yo mismo iba para la escuela –ellas podrían haber sido mis compañeras de clase, pero el grupo armado al que me uní me pidió que atacara el bus”
La historia de Pedro* es común en la ciudad de Barrancabermeja, al norte de Colombia, donde miles de jóvenes han tenido que crecer en una sociedad violenta y a merced de las pandillas. Pero lo que Pedro y otros cientos de jóvenes desplazados y jóvenes locales han encontrado allí es más que vida, gracias a un proyecto apoyado por el ACNUR, el cual les ha enseñado la alegría y creatividad que el arte proporciona.
Hoy, durante el Día Mundial del Refugiado, COMUNARTE recibirá el prestigioso galardón Van Heuven Goedhart, en honor al primer Alto Comisionado para los Refugiados. El premio en efectivo, el cual será entregado en Ámsterdam, lo otorga cada año la organización no gubernamental holandesa Stichting Vluchteling, en honor al trabajo de aquellos que se ocupan de los refugiados y los desplazados internos.
Es un notable espaldarazo para un grupo establecido en Barrancabermeja por la Asociación Juvenil de Baile Moderno, hace apenas tres años, con la ayuda del ACNUR y la iglesia local. Pronto obtuvo apoyo de los grupos civiles y académicos.
La idea de tal grupo había rondado durante casi una década en la mente de Elkin Ramos, un entusiasta bailarín y discjockey que se había hartado de la cultura de violencia en la que había crecido. En el corazón de una importante zona ganadera y sede de la mayor refinería de petróleo del país, Barrancabermeja está plagada de guerras entre pandillas rivales y grupos armados irregulares. Durante décadas la ciudad ha sido golpeada por asesinatos selectivos, masacres, extorsión, robo de gasolina y secuestros.
“Una noche, alguien comenzó a disparar un arma en el club donde trabajaba y sentí que tenía que hacer algo antes que la gente muriera”, dice, recordando su epifanía en el año 1994. “Así que hice un llamado a los miembros de los grupos rivales para que se confrontaran, pero a través del baile, no de las balas. Sabía que eran buenos bailarines, y funcionó. Poco tiempo después, mi propia pandilla se convirtió en un grupo de baile”.
Pasaron años bailando en los parques de la ciudad antes de que Ramos y su Asociación Juvenil de Baile Moderno contactaran al ACNUR y propusieran trabajar con los jóvenes desplazados internos y con las comunidades en las que vivían.
“Teníamos claro desde el comienzo que los jóvenes, tanto los desplazados como los demás, estaban siendo afectados particularmente por la violencia en las ciudades”, señaló Roberto Meier, Representante del ACNUR en Colombia. “Por ello fue importante que el proyecto beneficiara tanto a desplazados internos como a otros jóvenes que viven en los mismos vecindarios y que son amenazados por los mismos grupos armados. Estamos muy satisfechos de que el proyecto, que ha hecho mucho para mejorar las vidas de cientos de jóvenes, esté recibiendo un reconocimiento internacional”.
Estos sentimientos hacen eco en el Padre Orlando Olave, quien representa a la iglesia local en el proyecto. “No es relevante si ellos pintan o bailan bien. Lo que importa es que ellos descubran un significado para sus vidas”, dice. La iglesia ha puesto a disposición muchas zonas de la ciudad en las que los miembros de COMUNARTE pueden aprender y practicar el baile, la pintura y el drama.
En este grupo se encuentran los hermanos desplazados William y Daniel, quienes huyeron a Barrancabermeja cuando un grupo armado tomó su región hace seis años. En aquel entonces tenías 12 y 14 años y el movimiento forzado interrumpió sus estudios y sus esperanzas de llegar a estudiar derecho y medicina.
“Enfrentamos el rechazo y muchas privaciones”, dice Daniel, “pero con COMUNARTE entendimos que podíamos seguir adelante y vivir una vida normal”. Los hermanos escriben e interpretan obras y ayudan a los niños desplazados que recién han llegado.
Debido a su trabajo, COMUNARTE ha sufrido en carne propia la tragedia. Cinco miembros del proyecto han sido asesinados en los últimos años, algunos porque se unieron a los grupos armados y otros porque rehusaron a hacerlo. El año pasado el proyecto tuvo que detenerse momentáneamente debido a la falta de fondos.
Pero el proyecto es sobretodo una historia de esperanza, el tema del Día Mundial del Refugiado de este año. Aura, una participante de 23 años de edad, dice que nunca olvidará lo que Ramos le dijo una vez. “Me enseñó que cuando haces algo por los demás están plantando una semilla, y siempre existe un momento en el que todo lo que plantaste produce sus frutos”, dice. Ese fruto se llama COMUNARTE.
Por Gustavo Valdivieso
En Barrancabermeja, Colombia
• Algunos nombres fueron modificados para proteger la identidad de las personas.
Fecha: 20 Junio 2006

Escribe un comentario