... Si el poeta griego Odiseo Elytis decía, "no compadezco al poeta sin público, sino al público sin poeta", hoy, más que a la utopía sin pueblo, deberíamos compadecer al pueblo sin utopías.

La utopía supone una ley de cambio, un planteamiento de rebeldía y de revolución, pero no es un fármaco remediador de todo.

La utopía nunca son visiones edénicas o paradisíacas, como se ha querido desvirtuar. La utopía es un viaje duro, un viaje a alguna parte y para emprenderlo es necesario que en el hombre se produzca una catarsis.

Necesita despojarse de los ídolos que crea el poder y de todo aquello que le impide ser persona. Y, aunque la utopía casi siempre es obra de un autor o intelectual de clase acomodada, sólo refleja su esencia cuando es proyecto que cala en una colectividad.

La utopía nunca puede ser individual.